Sobre este blog
“Porque – a lo menos entre nosotros, aunque creo que en todo el universo mundo – la miseria es lo primero que hay que remover. Una vez removida la miseria tendremos acaso acceso a lo sublime. Porque mientras no removamos la miseria, estaremos todos sucios. Y al Absoluto – téngalo por seguro – no le gusta la gente sucia”
Juan Rivano, El punto de vista de la miseria
Después de varios años de un mismo blog, que tenía como título Parrhesía, a propósito de un interés más bien superficial en los comentarios que Foucault hizo sobre esta noción de la retórica clásica griega (y que ahora quedó alojado en www.traidores.org/parrhesia), me vi llevado por la necesidad histórica a cambiar de diseño, y más profundamente, de concepto. Si en ese entonces, Julio del 2006, agarré al vuelo una noción que me pareció rápidamente interesante, hoy dejo que un antiguo sueño hable por mí: el viejo horizonte de la Revolución, el viejo horizonte de la Anarquía, más proyecto que promesa, más esperanza que destino. Aunque es sólo el título de un blog, cosa bastante irrelevante cuando se trata de ámbitos menos signados por el gusto o la estética, marca una cierta entrega decidida a, en este caso, pensar y escribir con el horizonte de la revolución social ante mí.
Siempre que vivamos en una época basada en la opresión y la miseria, será necesaria la conducción crítica del pensamiento por los laberintos y los pantanos de la alienación. En un tiempo en que la conciencia cínica de la intelectualidad hace posible las más horripilantes justificaciones del orden vigente, quienes nos interesamos por esa inflamada práctica de la filosofía no podemos eludir la necesidad de una crítica radical (es decir, profunda y total) de la sociedad actual, de los mitos que sustentan su mecanismo, de los mecanismos que sustentan su mitología, y de una proposición sensata e históricamente situada de las posibilidades concretas de su superación. La elucidación de problemas fundamentales para la filosofía de todos los tiempos no es ajena a la resolución de contradicciones prácticas vinculadas al orden social, sino todo lo contrario. Ninguna de las problemáticas, hipótesis o aporías propias de la filosofía desde Parménides hasta Derrida tiene sentido fuera del contexto histórico en que son producidas, precisamente porque son producidas en este contexto y por este contexto. Cualquier filosofía, o más aún, cualquier noción, teoría o ideología, que no reconozca que es producto de una época, y que una época no está compuesta de espiritualidades o paradigmas, sino de un modo de vida concreto que tiene en su base prácticas y estructuras económicas, políticas, sociales y culturales, cualquier filosofía, noción, teoría o ideología que no comprenda su propia enajenación, está condenada al vacío ingenioso del flato académico, en el mejor de los casos, o a la derecha promoción de la miseria de nuestros días, en el peor. O también habría que decirlo así: llega un momento en que la teoría reconoce su límite, que no es otro que el límite de ser sólo una práctica más en el contexto amplio de la experiencia vital de la humanidad, y debe dar paso a que otras prácticas la releven, extremen sus conclusiones y se propongan la realización de sus objetivos. En la opinión del autor de este sitio, la más certera de esas prácticas es la práctica de la transformación revolucionaria de la sociedad.
A esto me dispongo, esperando saber cumplir con mi deber.
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