Pasan helicopteros y retumba la ventana. La vista desde aquí es extrañamente bella. Me recuerda el panorama que se veía desde el balcón de Brasil 453. Aunque Buenos Aires parece tener más edificios que Santiago, si es que tal cosa es posible. Si es cierto que en Tokio ya no se ve el sol desde la calle, Buenos Aires es casi una versión latina de Tokio, afrancesada y latinoamericana al mismo tiempo, con basura en la calle y con edificios derruidos. Pero allí están las grandes avenidas, que aquí sí que son grandes, y se aparecen cada tres o cuatro cuadras (de sur a norte, Independencia, Belgrano, Rivadavia, Corrientes, Cordoba, Santa Fe) para que el cielo re-aparezca heroico, nuboso o limpio. Aun así, la contaminación publicitaria (que debería ser otra categoría de las distintas contaminaciones que nos enseñan en el colegio) se encarga de tapar el cielo o de reconducir la mirada a sus hileras infintas de carteles, sus neones, sus mierdas. Aun así, a su vez, Oscar Brahim se encarga de reconducir la mirada hacia la lucidez.
Ayer y hoy estuve en La Sala, que es el centro cultural donde trabaja Andrés, también conocido como Andrés Biófilo. Es una casona gigante, de tres pisos, que solía ser un restaurant. Es media laberíntica y alberga todo tipo de proyectos interesantes. De lo que recuerdo ahora: taller de hierbas, taller de bicicletas, imprenta, taller de serigrafía, espacio de reuniones y actividades, habitaciones, dos cocinas (una tremenda), biblioteca con miles de libros, fotocopiadora, etc. etc. Se parece al ABC No Rio de Nueva York, en la magnitud de todo. Seguro para ellos no es tan impresionante ya, pero a mí me dejó loco. Como 20 personas participan en el proyecto, y siempre hay movimiento. Apenas pueda, subiré las fotos que saqué hoy del primer piso; luego iré sacando más de los demás espacios.
Allí me encontré con Andrés, con Astrid (contacto recomendado por Chuck Morse), y con Caro (también Caro Biófilo, la voz más brigida del oeste. Además, conocí a las gentes que están allí en La Sala, incluyendo a aquellos que trabajaron en la edición de un libro de Hakim Bey que incluye dos traducciones mías. No salgo en los créditos, pero no es tan terrible. Siempre traduje a Bey pensando en la lógica del anonimato, tratando de poner los textos disponibles como armas o herramientas. Además, si Allah nos acompaña, pronto saldrá editado Millennium, y allí soy el rey traductor. Qué tanto.
Hoy fue el día de la comilona bonaerense de rigor. Con Caro fuimos al excelentísimo tenedor libre vegetariano chino llamado Los Sabios. Cada vez más delicioso, aunque cada vez más caro. Recuerdo que la primera vez que vine (2002) costaba 5 pesos (alrededor de 850 pesos chilenos) y ahora está costando 18 (alrededor de 3060 chilenos). En todo caso, vale la pena. La primera vez fue con Nico, también conocido como Beluga, un hijo de Israel que me acogió en su casa y me llevó a este paraíso gastronómico. Luego fuimos con Kadd y Danae, lo recuerdo como si fuera ayer. Y luego con Karen el 2006. Y siguen estando las mismas personas atendiendo, con la misma amabilidad oriental, cocinando las mismas delicias. No digo más para evitar provocar envidia o hambre.
En casa de Antonia no hay internet, y a veces pillo alguna red inalámbrica por ahí. Hoy pasé por un cyber atendido por un sujeto ruso, o algo así, porque su computador emitía ruidos de una radio o un programa de televisión en ruso, o en algún idioma muy parecido al ruso. La conexión no era mala, pero tenía un filtro anti-porno de mierda que no me dejaba entrar ni a este blog, ni a facebook, ni a sexuallib.com.
Ayer terminé de leer “Lenin y la filosofía” de Althusser, sólo para concluir que los marxistas están muy locos. Este pequeño volumen estaba en la estantería de Antonia y decidí darle mi tiempo para ver qué onda Althusser, o el Lenin de Althusser. Es recomendable como lectura de baño, sin duda. Así lo leí yo, de cagada en cagada. En parte, es una auto-re-afirmación bastante poco científica de la excelencia de la obra de Lenin, y de la importancia del marxismo en la historia de las ciencias modernas. En parte, es una notable revisión del aporte de Lenin a la filosofía marxista. Todo esto no deja de ser intra-marxista, cosa bastante irritante para un lector no marxista. La jerga épica del marxismo me molesta. No dejo de pensar en la jerga épica del catolicismo del Imperio Romano, analogía en la que me gustaría insistir por un tiempo. Además, los marxistas como Althusser, y como muchos, si no la mayoría, pecan de la terrible ignorancia/ingenuidad de asumir que el movimiento obrero y las luchas del proletariado son esencialmente marxianas, basadas o influenciadas por la santidad del Opa Karl. Ignoran, siguiendo la mala onda de su patroncito, la presencia y la importancia el anarquismo en el origen y el desarrollo de las luchas sociales. Incluso su importancia teórica. Por ejemplo, según Althusser, Lenin apunta en “Materialismo y Empiriocriticismo” (la obra sobre la cual trata principalmente el textito) que la historia de la filosofía no es sino la historia entre dos tendencias fundamentales: materialismo e idealismo. Esta sería una de las tesis con las que Lenin aportaría a la tarea de pensar a la filosofía de una manera extra-filosófica (asunto sobre el cual trata principalmente el textito), o sea, a la tarea de hacer una “teoría de la filosofía” que muestre que ella no está fundada sobre sí misma, sino que tiene una relación fundamental, que de algún modo la constituye, con la política y la ciencia. El objeto de la filosofía no sería sino la nada que es ese vaivén fundamental entre materialismo e idealismo, que es por cierto un vaivén ideológico (por tanto no-científico, y en este caso eso no es nada bueno, porque no olvidemos que Marx ha aportado una nueva ciencia, la “ciencia de la historia”, tan tan tan importante como la “ciencia de la física” de Galileo o la “ciencia de la matemática” de Thales; cómo vamos con los niveles de megalomanía), que depende de la relación de la filosofía con las ciencias y con la política. La filosofía no estaría por sobre las ciencias, ni por sobre la lucha de clases, como quiere creer ella misma todo el tiempo. Ante esto digo dos cosas: 1) léase en “Dios y el Estado” de un tal Mikhail Bakunin la escenificación bastante precisa y situada de la lucha entre materialistas e idealistas (ya no materialismo e idealismo). Se notará que no fue Lenin el primero en poner esa contienda en el centro de la cuestión de la filosofía, o de la política, o de la ciencia. Por otro lado, la afirmación de que la filosofía tiene un estatuto derivado es pensable una vez que se comprende a la filosofía en el marco general de una ontología unitaria en la que la racionalidad expresada filosóficamente sea uno de los momentos del desarrollo histórico del ser o de la naturaleza. No es necesaria la afirmación fanática de la cientificidad del marxismo, o de la capacidad subversiva de Lenin para la academia empiriocriticista neokantiana de su época. Aquí de nuevo Bakunin, seguido en alguna medida por Kropotkin, pero definitivamente por Bookchin. Para todo esto, la maravilla de libro “Mikhail Bakunin: The philosophical basis of his anarchism” de Paul McLaughlin. Otro día hago una reseña más detallada, por ahora quería descargar lo básico.
Estoy pensando en hacer mi tesis sobre Bakunin y Bookchin. ¿Será mucho?