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Prisión política: un momento de la lucha histórica contra la sociedad de clases
Difundido en la marcha contra la prisión política del 11- III - 05
La acción ejemplar de los compañeros que han combatido dentro y fuera de la prisión por la libertad de los presos políticos ha servido para que muchos de ellos vuelvan a estar en la calle, y también ha inspirado a alguna gente para ejecutar sus propias acciones en distintos terrenos, ganando experiencia en el enfrentamiento social directo. Así, estos largos años de prisión han demostrado una vez más que, cuando al proletariado le quitan sus mejores armas, la lucha por recuperarlas le exige crear armas mejores . La represión burguesa, tan dura como la amenaza que quería conjurar, hizo retroceder a nuestra clase en el combate por el dominio conciente de la historia. Encarcelar a cientos de luchadores ha sido parte de la misma estrategia que acorraló a miles de compañeros en sus vidas privadas, y que ha alienado a muchos más en diversas formas de seudo-oposición musical o estética. Esto nos ha obligado a aprender casi desde cero lo que varias generaciones de proletarios habían aprendido en innumerables batallas. Y una de las lecciones más difíciles ha sido ésta: el proletariado sólo triunfará si en su lucha sabe acumular experiencia práctica y conocimientos . La poca conciencia sobre este punto ha hecho que la agitación contra la prisión política corra el riesgo de consumirse en sí misma, sin llegar más lejos en la lucha total de nuestra clase contra el capitalismo. El aprendizaje del combate callejero, de la organización, de la agitación y propaganda, no es suficiente: debe ser parte de un proyecto histórico que supera lo práctico e inmediato. Si no existe esa comprensión más amplia, cada lucha específica - por los presos, contra la guerra, por mejoras económicas o por lo que sea - aparece como un fin en sí mismo, condenado a agotarse en su propia estrechez de miras. Por ejemplo, las agitaciones recientes muestran que cuando un grupo de prisioneross ha sido liberado, cientos de compañeros se han retirado a sus rutinas diarias y sólo han vuelto a salir de ellas cuando se convoca a una nueva marcha. Esa forma de hacer subversión no permite que las experiencias de lucha se acumulen, se extiendan más allá de sus propios límites, sean comprendidas por cada vez más gente como parte de una totalidad por la cual hay que combatir. La lucha por liberar a los seis compas todavía prisioneros será una dura batalla. Sepamos aprovecharla para obtener su libertad y para darle alcances más profundos a la agitación. Ante todo, es importante que se entienda la campaña por liberar a los presos como un momento parcial del proyecto histórico de destrucción de la sociedad mercantil. Si no ponemos esta perspectiva revolucionaria en el centro de nuestra lucha cotidiana, si no la hacemos visible para todos, sólo estaremos reforzando a esta democracia que aprovecha nuestros reclamos para mostrarse compasiva y benevolente, y que nos encarcelará, torturará y matará cuando vea amenazados los intereses de sus amos. La cárcel, esa intimidación oscura que cuelga diariamente sobre las cabezas de los proletarios obligándolos a obedecer, no se acaba con la liberación de sus combatientes hechos prisioneros. Millones de hombres y mujeres siguen pudriéndose día a día en los calabozos del capitalismo por haber tratado de sobrevivir a su miseria, y su encierro es tan político como cualquier otro. Los presos son nuestros hermanos de clase y no podemos aceptar que sean los explotadores quienes les juzguen y condenen. Esa infamia, característica natural de una sociedad esclavista que quiere someternos a su antojo, debería bastarnos para tomar conciencia del carácter histórico y total de nuestra lucha. El activismo sin perspectivas es pasividad, y la pasividad es la normalidad del capital. No nos engañemos centrando la lucha sólo en un aspecto del capitalismo: mostremos a cada instante nuestra relación viva con la totalidad del enfrentamiento de clases y con su historia. Limitar nuestra acción sólo a un momento del todo social, sin plantear claramente nuestro objetivo que es el fin de la sociedad de clases, sería cavar nuestra propia tumba.
¡Teoría y acción contra todas las formas de capitalismo! ¡De la lucha cotidiana a la revolución social mundial! ¡Comunismo o barbarie! |
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