Resistir al capital
Esta es una versión corregida del artículo aparecido en la revista. Las correcciones son del autor del texto original.
"Con toda certeza, sería ridículo rechazar la posibilidad de ingresar en la circulación burguesa con contenidos antiburgueses, toda vez que la circulación en la sociedad burguesa, en la cual el propio amor asume forma mercantil, es el único modo de intermediación en que las ideas pueden difundirse amplia y rápidamente. Pero el problema está en saber si las ideas poseen, de alguna manera, un sólido núcleo antiburgués o si pueden conciliarse con una praxis que sobrepase el sistema de la forma mercancía totalizada." (Robert Kurz, Los últimos combates)
El enunciado "resistir al capital" puede entenderse, con términos más precisos, como la acción antagonista contra el sistema del capitalismo histórico. Sistema que ha seguido procesos estructurales que han cambiado su configuración y con esto las formas de rechazo hacia este. En lo que sigue apuntaremos nuestra mirada hacia lo que se suele llamar "nuevas formas de lucha" y "movimiento antiglobalización". Nos detendremos en sus antecedentes, sus manifestaciones, sus declaraciones, sus estrategias, al mismo tiempo que aparece nuestra toma de posición al respecto y la referencia a sectores y posturas que nos parece enfrentan el capitalismo de manera crítica y radical.
Siglos de resistencia al capital
Desde la primera mitad del siglo XIX, los análisis que buscan regular de algún modo el desarrollo de la vida en sociedad constituyen una disciplina que será la representación manifiesta del sistema dominante: la economía política. Economistas como Ricardo o Smith elaboraban extensos análisis con los que buscaban dar una descripción normativa del sistema en que vivían, con el último propósito de equilibrar al sistema mismo y advertir al soberano sobre los peligros que implica no seguir estas advertencias .
La economía política del siglo XIX basaba su análisis sobre un modelo de sociedad caracterizado por la existencia de ordenes sociales definidos en virtud de sus relaciones de propiedad, un mercado restringido a espacios económicos nacionales (o entre estos), la autonomía relativa del Estado frente a intereses particulares y el presupuesto de que el campo de acción estaba delimitado por cada Estado - nación.
Cuando Karl Marx escribe su crítica de la economía política se da un cambio esencial de perspectiva en el análisis de la sociedad: se pasa de los Estados - nación al escenario mundial y del mercado se pasa al lugar de trabajo, la fábrica . En este nuevo escenario Marx reconoce dos clases en conflicto, la burguesía y el proletariado, antagonismo que se da en el lugar de la producción, en las relaciones de producción.
Con tal análisis crítico, Marx abandona la superficie de los problemas sociales y encuentra la raíz de los fenómenos capitalistas en la relación a la que están sujetos los propietarios de los medios de producción y los propietarios de la fuerza de trabajo. Y en tal relación conflictiva encuentra la posibilidad de la transformación social como superación del sistema capitalista (y sus contradicciones).
El cómo se produzca esta transformación no es completamente clarificado por Marx, aunque sí observe tendencias tales como el incremento de la crisis y la miseria, y con esto, la mayor fuerza y unidad de la clase de los productores, el sujeto de la transformación social en cuanto clase deshumanizada .
Desde la fecha de tal análisis, el movimiento organizado para la superación del mundo capitalista ha tomado diferentes orientaciones y no justamente en la dirección prevista por Marx. Si bien se constituyo un movimiento de carácter internacionalista, no por esto se debe pensar que lo era con la perspectiva mundial que Marx asumió en su crítica. Es más, el sistema capitalista, sistema mundial caracterizado por sus ciclos y discontinuidades por la crítica de la economía política, perdió su peso mundial para el movimiento obrero, el que simpatizo con políticas proteccionistas y estatistas.
Con tal escenario, que se correspondía más con los análisis de la economía política, el movimiento anticapitalista abandonó la crítica y tomó una orientación pragmatista que lo llevó a marginar y, la mayor de las veces, a banalizar el análisis de Marx. Así, quienes se reconocían como marxistas no hicieron más que responder a intereses circunstanciales como representantes de un sector económico en desventaja, olvidando el horizonte de transformación social de la crítica de la economía política para dar consejos al soberano desde el ala obrera del sistema. La lucha contra el capitalismo fue domesticada a fuerza de hambre, miedo y violencia.
Y si bien es cierto que el capitalismo de segunda mitad del siglo XIX en adelante confirmó su carácter monopolista e imperialista, no dejaba de ser economicista el que Lenin caracterizara al imperialismo como fase superior del desarrollo capitalista. Desde esa perspectiva el movimiento que se desprende de tales afirmaciones no puede ser llamado anticapitalista. Quizá sería más adecuado llamarlo simplemente movimiento obrero.
Pese a que gran parte del antagonismo antisistémico se transformó en movimiento obrero, la crítica de la economía política no fue olvidada aunque sí banalizada y silenciada (especialmente por el mismo movimiento obrero, que violentamente suprimía - y sigue suprimiendo - toda manifestación que escapara de su línea reformista). Quienes hablaron de comunismo, autonomía y poder desde abajo, que criticaron las estrategias de frente único (con la burguesía) y los gobiernos obreros, mantuvieron viva la critica y el horizonte de transformación social como superación del sistema capitalista .
En los próximos apartados nos centraremos en las formas contemporáneas de respuesta al sistema, que, desde la memoria y las herramientas que siglos de actividad han potenciado, intentaremos distinguir.
El capitalismo en la sombra: globalización, neoliberalismo y sus respuestas
"Si hacen la "política de la derecha", es porque, desde el punto de vista del capital, no hay otra que la de ser rentable, que la de atraer capitales sobre la base de la rentabilidad. Si sigue habiendo diferencias en el discurso no es entonces por representar políticas económicas diferentes, sino porque frente al proletariado, en determinadas ocasiones, sólo se pueden hacer pasar las medidas de austeridad cuando son presentadas en nombre de la izquierda o la ecología." (Grupo Comunista Internacionalista, Contra las cumbres y anticumbres)
La brutal expropiación de nuestras fuerzas, de nuestro tiempo, de nuestras vidas, no es nada nuevo. Es el mundo en que nacimos y en el que nos movemos y que no deja de manifestarse en infinitas formas. La tan comentada globalización y su correlato, el neoliberalismo (y la miseria y agresividad que asoma) no son novedad para lugares donde el salvajismo económico hace mucho ha estado presente. En el llamado "tercer mundo", por cientos de años hemos visto los más grotescos excesos de una oligarquía que se ha encargado de ejercer fielmente su vocación policial sobre las masas miserables.
En Europa, especialmente en los países "desarrollados", los Estados de bienestar que los gobiernan parecen llegar a su fin (aunque sin tocar los límites de la miseria tercer mundista), desencadenando una crisis que sus "ciudadanos" tratan de entender . Esta situación ha puesto en guardia a los progresistas de esas tierras, los que se han organizado (no gubernamentalmente) para dar pie a foros, movimientos y manifestaciones masivas que recorren el mundo en búsqueda de una respuesta. Se publican revistas, libros y páginas web y se multiplican fugazmente grupos que comparten un mismo espacio pero que se identifican con innumerables referentes.
A través de los medios, nos hemos informado de ciertos grupos que aparecen como los principales protagonistas. Desde "neozapatistas" hasta anarquistas y leninistas reconfigurados (nótese que la mayoría de sus partidarios parece negar a sus antepasados para caer a los pies del mito de la novedad), estos grupos se han logrado hacer ver, las más de las veces como respuesta y producto de las políticas que les ha tocado vivir.
Nos detendremos en tres sectores que proyectan el espacio conflictual del llamado movimiento antiglobalización: ATTAC, el Black Block y el movimiento de los Disobbedienti. En cada caso rastrearemos las posibilidades que buscan desarrollar.
ATTAC o Asociación por una tasa a las transacciones para ayuda de los ciudadanos, también conocida como "tasa tobin", el sector más abiertamente reformista del movimiento. Como reacción a la miseria e inestabilidad que el "neoliberalismo" induce, este grupo propone a los administradores del gran capital ceder parte de sus ganancias a los ciudadanos más dañados por el avance de la economía. A través de reuniones y de su diario "Le monde diplomatique", esta o. n .g., compuesta mayoritariamente por académicos socialdemócratas, no critica al sistema sino que solloza por el fin del Estado de bienestar y la estabilidad ciudadanista y se lanza a proponer medidas insólitas y absurdas como su ya mencionada tasación (¿creerán seriamente que algún empresario permitirá tal medida?).
El BLACK BLOCK parece la opción radical de todo este cuento. Su medio es la acción directa, la confrontación y la destrucción de los símbolos del capital: los bancos, preferentemente. Asisten a las mismas manifestaciones multitudinarias que recorren el mundo tras las reuniones del FMI o la OMC. Pero sus medios, motivos y demandas son diferentes :
"No luchamos por un mundo donde quepan todos los mundos (okupas, policias, machistas, antisexistas, zapatistas, neoliberalistas, revolucionarios, periodistas), luchamos por un único mundo multicolor y plural, por una real comunidad humana mundial."
Esas son sus palabras. Palabras (ironía de las del subcomandante Marcos) en las que aún se escucha lo que dicen combatir. Sus acciones han sido ideologizadas y no pasan del voluntarismo, simbolismo y espontaneísmo adolescente, lo que no les deja ver la complejidad de lo que enfrentan, más allá de sus circunstancias.
El movimiento de los DESOBBEDIENTI puede ubicarse entre los dos extremos a los que nos hemos aproximado. Pero, por su carácter ciudadanista, los podemos acercar más a ATTAC. De hecho, una de sus principales demandas es lo que han llamado "renta universal de ciudadanía" (Reddito universale di cittadinanza). Se reconocen como zapatistas, en cuanto sus estrategias asumen que las han tomado de tal experiencia, a lo que se suma el peso histórico y geográfico de su cuna noritaliana y toda la tradición izquierdista que ha conocido (autonomía operaria, centros sociales, etc.). Su universo valórico y mediático incluye: manifestaciones con música (Manu Chao, Rage against the machine, rock alternativo, étnico), idealización del estilo de vida "okupa" y del micro empresariado autogestionario más indigente, radios libres, batucadas, danzas con fuego, amor libre, fetichización del estatus de inmigrante tercer mundista, obsesión por la diferencia y las minorías, el "underground", etc
.
Mucho podemos decir sobre este grupo, los que han publicado muchos análisis y manifiestos aparte de ser tema de más de un ensayo .
Antes conocidos como Tutte bianche (Monos blancos), es un movimiento que nace de varios de los centros sociales ocupados italianos agrupados en torno al documento político "Carta di Milano". Sobre las circunstancias que les vieron aparecer podemos leer las siguientes líneas: "en septiembre de 1994 se produjo el desalojo del segundo Centro social Leoncavallo en Milán. En la manifestación de repulsa contra este desalojo en la que participaron militantes de los centros sociales de toda Italia, los militantes del Leoncavallo vistieron monos blancos en respuesta a las declaraciones del alcalde de Milán, Marco Torrentini, que los había definido como fantasmas, como inexistentes".
La herramienta de intervención política que utiliza este grupo es la desobediencia civil, un conjunto de actos que apelan a principios y derechos universales en su lucha contra un sistema mercantil que los desplaza en pro de sus intereses. Alegremente montados sobre el escenario democrático, estos actos buscan el reconocimiento público y la legitimidad de sus demandas al evidenciar (a través de todos los medios) las situaciones intolerables que genera la política neoliberal.
Escenarios de conflicto simbólico y profundización de la democracia: la okupación y el escrache (o funa) son ejemplos de esta forma de intervención, que recurre a la ilegalidad como llamado de atención. Actos diferentes de la clandestinidad y el enfrentamiento militar.
Por último, debemos mencionar que los Desobbedienti dicen haber pasado de la desobediencia civil a la desobediencia social, lo que implicaría mayor compromiso social y la dicotomía actuar local / pensar global. Veamos qué sucede. Mas, no dejamos de ser críticos ante su opción ciudadanista, su incipiente neozapatismo y la fragmentación y falsa consciencia que resultan de sus acciones. No compartimos su lucha contra el neoliberalismo ni su falta de crítica hacia el capitalismo, la que nos parece espectacular y reformista. Su coqueteo con los poderes establecidos y los medios no hacen más que situarlos en lo que son: el ala izquierda del sistema en su forma actual.
La teoría crítica como resistencia anticapitalista: Krisis
Se ha advertido sobre una línea histórica que sigue el rastro de la crítica de la economía política. Silenciada y marginada de la cosa pública, esta crítica no esta a la mano aunque muchas veces la intuyamos y vivamos a partir de sus líneas. Se trata de un momento necesario para la praxis radical, un momento negativo que busca trascender lo que hay. La crítica radical nos permite distinguir en la oscuridad del sistema del capitalismo histórico la naturaleza de las relaciones entre los seres humanos: una relación mediada por la mercancía, la no - vida del fetichismo de la mercancía (el cuarto oscuro, el abismo sobre el que gravitan todas nuestras falsas certezas y que nadie quiere mirar).
A través de los múltiples procesos estructurales que ha seguido el desarrollo del sistema capitalista, se han conocido distintos momentos de crítica radical que, sin embargo, responden a una continuidad histórica. Desde la crítica de Marx, la radicalidad antisistémica ha pervivido en los análisis críticos de Karl Korsch, el joven Lukacs, Anton Pannekoek, Paul Mattick, la teoría crítica de la escuela de Frankfurt, la teoría y praxis de Guy Debord y la Internacional situacionista, y grupos como Krisis en nuestro momento histórico. Críticas y acciones que han dirigido su rechazo hacia la totalidad de la no - vida intracapitalista por encima de intereses mezquinos y efímeros. Es una tradición que nunca dejo de soñar con otra vida más allá de la dictada por el sistema capitalista y sus luminosas máscaras.
Robert Kurz en su ensayo titulado "Los últimos combates" constata que las revueltas que han conocido los últimos 40 años han carecido de sueños. Por tanto, no ha existido una revuelta anticapitalista como tal. Los sueños, en cuanto axiomas de toda teoría crítica que busca trascender y superar el fetichismo de la mercancía, no han caracterizado la acción de los agotados oprimidos. En ese sentido, la Internacional situacionista fue el último sector que logro alcanzar el cuarto oscuro que ningún izquierdista se había atrevido a franquear en su momento.
Kurz observa que hoy por hoy, los sindicatos no luchan por sus sueños de emancipación, por lo que vendrá, sino que por conservar lo que hay o volver al pasado. Por su lado, los viejos izquierdistas del espectáculo - Alain Touraine y Pierre Bordieau - se acomodan en los banquillos del neoliberalismo y se limitan a abogar por la modernización (Touraine) o por un poco de dignidad keynesiana (Bordieau) en los límites de los Estados - nación. Miseria escandalosa, sin duda.
Para la teoría crítica se trata de ir más allá, de enfocar los esfuerzos hacia prácticas sociales distintas de las conocidas en el mundo de la mercancía, lo que implica trascender un sistema en el que no hay tiempo fuera de las relaciones impuestas por el Estado y el dinero.
Nuestra época es caracterizada como etapa monetarista, del fin del keynesianismo (socialismo de Estado en versión occidental) . El mercado se vuelve global y completamente fijado en el terreno monetario. Se han agotado las políticas de asistencia social de los Estados y sólo queda lugar para la brutal dicotomía entre perdedores y ganadores en el mercado mundial. Nuevos nacionalismos sociales se estrenan, ahora de base monetarista .
Se ha globalizado la economía, tal como lo vaticinaba Marx, y con esta la miseria y los problemas de un modo de producción que choca con sus límites.
¿Qué hacer al respecto?
Kurz descarta la supuesta lógica emancipatoria de la antigua lucha de clases en tanto se trataría de una simplificación sociológica de las relaciones mercantilizadas propias del capitalismo.
Cuando ya no se trata sólo de la diferencia cuantitativa de la masa apropiada, sino de la cualidad formal de la apropiación, queda claro de inmediato que la contradicción capitalista fundamental entre producción social y apropiación privada no es idéntica a la contradicción de clases de los sujetos funcionales en el seno de la forma-mercancía. Más bien, es la contradicción entre el contenido social de la producción material y la forma privada de los sujetos sociales o de sus modos de apropiación como un todo (con inclusión de la "clase trabajadora") la que caracteriza la relación del capital. Así, la lucha de clases sólo puede ser el movimiento formal inmanente de la relación del capital, pero no el movimiento para superar la relación capitalista .
Desde estas premisas, para el mismo autor los grupos autónomos no serían más que el resultado del cinismo de la libertad del liberalismo, que "recomienda a los individuos volverse autónomos como mónadas de la competencia, obtener éxito individual o empresarial, etc., y así arrastrase bajo el eterno yugo del dinero".
Las luchas tradicionales son válidas mientras busquen como objetivo el fin de la mercancía. Estas, junto al cultivo de lo que llama "cultura del rechazo", la búsqueda de momentos ajenos a la forma mercancía y la difusión de la teoría crítica, serían formas de romper con la modernidad burguesa como condición del sistema capitalista y preparar una revuelta completamente distinta.
En cuanto al movimiento antiglobalización (que puede terminar apoyando formas de nacionalismo capitalista), Kurz toma distancia y condena su falta de crítica anticapitalista. Sin embargo, pese a que propone poco o nada al momento de pensar en formas de organización y acción, algo nos dice sobre un "movimiento de emancipación social que se construye a sí mismo, de un sistema coligado de iniciativas sociales en diferentes planos
"(¿?)
Ante tan exagerada apología de la teoría crítica, nos vemos tentados a hacer las siguientes observaciones:
La crítica radical que se encuentra en el corazón de la obra de Marx, oscurecida y olvidada en el contexto de un capitalismo que no había alcanzado sus límites, se revelaría sólo desde la tercera revolución industrial (de las telecomunicaciones). Es obvio que a partir de esta observación, Kurz y su grupo se asumirían como los detentadores de esta crítica (y tender así a monopolizar la dirección de la verdadera revolución).
Creemos que los análisis de este grupo resultan interesantes como herramienta crítica del mundo capitalista de siglo XXI y nos parece relevante el que en ningún momento receten tal o cual formula . Estos resultan atractivos sin perjuicio del reconocimiento de otros aportes y acciones históricas que podamos reconocer como anticapitalistas.
Respecto del veredicto de Kurz sobre la lucha de clases, nos resulta coherente si seguimos con atención su análisis del desarrollo del sistema capitalista. El problema esta en que nos cuesta creer que el sepulturero del capitalismo no sea la clase explotada y que el término "lucha de clases", como lo entendemos, ya no da cuenta de la dinámica del sistema. No se trata de fetichismo conceptual sino que de no dejar de constatar que la acción crítica del capitalismo aparece en el proletariado.
La crítica clandestina: el comunismo
"Hay que distinguir entre movimiento autónomo como práctica autónoma del proletariado y organización autónoma como estructura ideologizada que pretende suplantar al movimiento mitificándolo y vaciándolo de contenido. La ideología no es autónoma, está sujeta a sus propias limitaciones, es falsificación de la realidad. Sólo la crítica y la acción pueden ser autónomas." (Cuestiones de organización. 31 tesis insurreccionalistas)
Qué tipo de organización o qué receta seguir para salir del sistema capitalista no nos parecen preguntas viables al momento de pensar tal posibilidad. Desde tal consideración asumimos que el comunismo es el movimiento de destrucción del sistema, no necesariamente un programa o la lucha por la realización de concepciones preestablecidas o idílicas. Lejos de tales especulaciones, se trataría de la crítica que apunta hacia la reapropiación de nuestras vidas como proyecto de autonomía.
Contra todo escepticismo respecto de tal proyecto, creemos en la necesidad de una comunidad de lucha que se concentre en tal objetivo. De ahí la necesidad de unidad y organización, del intercambio de ideas entre los proletarios, sujetos por excelencia de la fragmentación y la separación impuesta por el capital.
Como episodios revolucionarios reconocemos las acciones contra la propiedad privada, el rechazo de los encuadramientos burgueses (sindicatos o partidos políticos), las acciones de base que parten de la privación de lo básico, la lucha por la abolición del trabajo, el dinero y los Estados.
Hemos reconocido el carácter de instituciones y componentes del universo capitalista en reflexiones que han partido y se han sostenido de la experiencia cotidiana. Nuestras reflexiones se valen de ciertos conceptos, pero estos los creemos superados por las emociones y pensamientos que la absorbente y repetitiva vida cotidiana nos deja como su residuo en negativo.
Intentamos rastrear aquellos momentos de destrucción de las bases mismas del capitalismo y distinguirlas de políticas que han consistido solamente en otras formas de administrar el mundo de la mercancía.
Buscamos los rastros del comunismo en las luchas en que las masas se han hecho cargo por sí mismas de sus reivindicaciones y de sus necesidades, distintas de cualquier interés administrativo solapado, luchas en que las masas han afinado su autonomía y con esto su potencia revolucionaria, quebrando con planificaciones, cálculos e idealismos de cualquier tinte político, estadístico o profético.