DOSSIER: CRISIS EN ARGENTINA
1. APUNTES SOBRE LA LUCHA DE CLASES EN ARGENTINA
El siguiente es un artículo enviado por un compañero argentino, militante de la organización Marabunta, que crece en sus primeros años al alero de la Facultad de Ciencias Sociales de la Uba, pero que con los años va integrando compañeros de distintos sectores. Actualmente trabajan especialmente en el MTD Solano de la Coordinadora Aníbal Verón.
En términos generales, por “punto de inflexión” se entiende el fin de una tendencia y el comienzo de una nueva. En el plano histórico ésto se expresa en los grandes acontecimientos capaces de fundar períodos. Tal es la dimensión que alcanzan las jornadas insurreccionales del 19 y 20 de diciembre de 2001. Por esos días terminó de cerrarse un período que duró exactamente 25 años, abierto con la dictadura genocida del 24 de marzo de 1976, y se abrió otro el cual recién empieza a despuntar sus potencialidades. Sin embargo, más allá de los que aventuran algunos intelectuales trasnochados, la rebelión popular no nació de un repollo y mucho menos correspondió a un movimiento puramente espontáneo. En lo que sigue intentaremos efectuar un abordaje...
Antecedentes históricos
El 24 de marzo de 1976 comenzaría el período más negro de la historia Argentina. Entonces, el imperialismo y la burguesía asociada consagrarían su ofensiva contrarrevolucionaria mediante un golpe de Estado fascista. Su objetivo era detener el auge revolucionario gestado en décadas de lucha; descabezar dicho movimiento y sentar las bases para un nuevo modelo de acumulación basado en el capital monopolista y financiero. Y para eso era imprescindible la fragmentación política y orgánica del movimiento obrero y popular. No fue casualidad que de los 30.000 desaparecidos y asesinados, la gran mayoría hayan sido trabajadores y activistas fabriles; fundamentalmente aquellos que poseían una militancia revolucionaria. El golpe desató una verdadera caza de brujas en los lugares de trabajo, donde las oficinas de personal ocuparon el lugar de los servicios de inteligencia; marcando compañeros y promoviendo su desaparición. Sin dudas el blanco preferido de los genocidas fueron las organizaciones levantadas en armas (principalmente los peronistas de izquierda de FAR, FAP y MONTONEROS; y el PRT-ERP y el OCPO, organizaciones de raíz marxista leninista). Allí residía una incipiente dirección revolucionaria -decididamente clasista en el caso del PRT y el OCPO- capaz de darle una orientación socialista y revolucionaria al movimiento de masas; fuerza cimentada en las distintas organizaciones de masas y en las incipientes experiencias de doble poder, con puntos elevados como las Coordinadores interfabriles de 1975. Destruídas las organizaciones revolucionarias, aniquilada toda una generación que condensaba años de experiencia en la lucha de clases, quedó un gran vacío duro y difícil de llenar.
Desde ese entonces, la ausencia de un verdadero partido, de una dirección revolucionaria, ha sido el déficit principal del movimiento obrero y popular. Y no es que el movimiento obrero hubiera dejado de luchar. Sólo que, eliminada su ala clasista, lo hizo profundamente amarrado por las direcciones burocráticas y traidoras. En los ’80 se desarrollaron algunos partidos de izquierda, pero eran parte de la resaca legalista e integrada que sobrevivió a la dictadura. Quizás el de mayor relevancia y envergadura haya sido el Movimiento al Socialismo (MAS); un partido trotskysta (morenista) de considerable inserción en el movimiento obrero y alta capacidad de movilización, que llegó a obtener un diputado nacional en las elecciones de 1987. Pero sus limitaciones estratégicas, su electoralismo vacío de contenido, personalismos de todo tipo, sumado a la lucha de camarillas desatada con la caída de la URSS, lo llevaron a un estallido que se extiende hasta estos días. Evidentemente “la caída del muro” fue un duro golpe para la clase obrera y los pueblos oprimidos del mundo. El derrumbe del campo socialista (no en función de lo que realmente fue sino de lo que subjetivamente significaba para las masas en tanto alternativa palpable) configuró un serio retroceso en lo que hace a la posibilidad de gestar un proyecto integral alternativo. Todo este período se caracterizó por un fuerte reflujo de masas y por la ausencia de un proyecto revolucionario con su correlato organizativo. Finalmente los ’90, en medio de la ofensiva neoliberal y las luchas de las masas por la defensa de sus derechos, marcaron el fin del reflujo y el nacimiento de un nuevo período de auge.
El movimiento de masas actual
Los primeros antecedentes de esta nueva etapa, hay que buscarla en aquella pueblada de 1995, en la provincia de Santiago del Estero, conocida como el “Santiagazo”. Ese día cientos de enardecidos manifestantes llegaron a incendiar la casa del gobernador en el reclamo de sus derechos más elementales. Era el despertar de las masas después de largos años de somnolencia y tensa calma; de duro y paciente trabajo ideológico para el activismo. Después vendrían las puebladas de Cutral-Co y Tartagal, en el 97-98; y desde el ‘99 para acá se desparramarían estos fenómenos como reguero de pólvora a lo largo y a lo ancho de todo el país. Varios puntos en común tuvieron estas puebladas entre sí. La principal era que se desencadenaban en antiguos polos productivos, arrasados durante la oleada neoliberal, donde arruinadas la mayoría de las economías regionales y sin la posibilidad real de su reconversión, miles de personas quedaron sin trabajo ni futuro en su tierra. Y otra tenía que ver con los métodos. Sobre todo desde el Cutralcazo, se institucionalizó el “corte de ruta” como único medio de lucha efectivo para quienes todas las vías se habían cerrado. Los reclamos en esos primeros pasos, eran casi exclusivamente en reclamo por trabajo. Así fue como el gobierno nacional -encabezado entonces por Carlos Menem- articuló los famosos “Planes Trabajar”; una especie de subsidios encubiertos de $150. como contraprestación de tareas testimoniales, en el ámbito de las obras públicas (cuidado y aseos de plazas, mantenimiento de rutas, etc.), y repartidos en un principio a “punteros políticos” leales, como una forma de sostener relaciones clientelísticas con las masas. Sin embargo, de esa manera crearon su propio veneno. Casi inmediatamente miles y miles de desocupados en todo el país comenzaron a organizarse y a tomar la lucha en sus manos en torno al reclamo de dichos planes. Así los movimientos de desocupados comenzaron a darse las primeras formas de organicidad seria. Y si bien, en esos primeros momentos, asumieron un carácter excesivamente corporativo y aislado de los demás sectores; al calor de la lucha contra el modelo económico fue confluyendo con algunos sectores del movimiento obrero. Y en eso no sólo tuvo que ver la constante tarea de las organizaciones y los activistas de izquierda, sino un dato objetivo de la realidad: la mayoría de los desocupados organizados provienen de las filas del proletariado; es decir que estructuralmente son clase obrera; por cultura, por tradición, por la metodología y la disciplina incorporadas en tantos años de trabajo en fábrica, etc. Poco a poco esa confluencia práctica se fue consagrando programáticamente. Trabajadores ocupados y desocupados comenzaron a ver al desempleo como una variable de presión estructural hacia los trabajadores ocupados, mediante el cual se posibilitaba el disciplinamiento absoluto de la fuerza de trabajo liquidando las pocas conquistas obreras mantenidas. Esa convergencia, más allá de programas, se dio principalmente en la lucha y tuvo su pico más alto en los paros generales y las movilizaciones previas a ese 19 y 20 de diciembre.
Los Hechos
El fin de año pasado se perfilaba más que caliente. No tanto por lo que marcaba el termómetro sino por el nivel de conflictividad social. El gobierno de Fernando De la Rúa, que había llegado al poder junto a la “Alianza” en las elecciones de 1999, se hallaba entrampado en un círculo sin salida. La profunda recesión y caída de la actividad económica profundizaba un desfasaje fiscal que intentaban cubrir con nuevos flujos crediticios y mayores niveles de ajuste. El timón económico lo conducía el otrora superministro de Menem, Domingo Cavallo, padre del Plan de Convertivilidad, que había llegado al gobierno como la carta de salvación. Poda salarial del 13% a jubilados y estatales, recortes en las partidas presupuestarias de salud y educación, despidos en el sector público fueron su respuesta política. La caída estrepitosa de los ingresos de los sectores populares, el aumento de la desocupación y la miseria, redujeron dramáticamente los niveles de consumo enfriando aún más una economía de por sí alicaída. La virtual quiebra del Estado nacional comenzó a ser un secreto a voces y el fantasma del Default empezó a recorrer los corrillos financieros. Al ritmo de estos rumores se disparaba el índice del “riesgo país”, una calificación impuesta por organismos financieros internacionales que marcan la sobretasa que se asignan para el otorgamiento de créditos a los países de “riesgo”. Obviamente al país se le cortaron el chorro. En el plano doméstico esto se tradujo en un crecimiento exponencial de la desconfianza, al punto en que la gente empezó a retirar masivamente sus depósitos del sistema bancario, con el correspondiente efecto multiplicador. Cuanto más depósitos se fugaban más se debilitaba el sistema financiero, más inquietud y desconfianza se creaba, y la resultante era más dinero fuera de los bancos. Esta espiral tuvo su pico a fines de noviembre, donde a una corrida financiera sobrevino el decreto de feriado bancario y el anuncio de medidas que restringían el retiro de activos. Fue el nacimiento de lo que dió en llamarse el “corralito financiero”. A partir de las primeras medidas nadie podía disponer libremente de sus depósitos, limitando las extracciones a $250 semanales. El rechazo a esta política fue inmediata y generalizada lo que obligó al gobierno a flexibilizar un poco las medidas. Si en el plano económico la situación era explosiva, la situación social no era menor. Rebajas salariales, suspensiones y despidos profundizaban los niveles de pobreza. Es cierto que el movimiento de trabajadores se hallaba algo retraído, condicionado objetivamente por la amenaza de la cesantía y contenido dentro de los márgenes que permitía la burocracia sindical; sin embargo los trabajadores desocupados crecían en organización y capacidad de acción por sus demandas de pan, trabajo y dignidad.
En ese marco, con una profunda crisis económica y una situación sumamente explosiva en el plano social, el gobierno de la Alianza aceleró su descomposición y comenzó a resquebrajarse. Ya sin vice-presidente (debido a la renuncia de Chacho Alvarez por el escándalo de cohecho en el Senado) la figura del Presidente De la Rúa ingresó a un plano de cuestionamiento explícito. Cada vez eran más las voces que se alzaban a pedir su renuncia. Se lo ridiculizaba en los medios de comunicación y se lo emplazaba desde sectores políticos y gremiales. Sobre su gobierno se alzó una pinza fatal: de un lado las exigencias del Gobierno yanky y los pulpos económicos extranjeros y locales, y del otro los crecientes reclamos del pueblo organizado. Terciando en estas pugnas se encontraba la oposición peronista, agazapada para hacerse del poder. Conspirando o abiertamente se encargaban de sacudirle los cimientos, mostrándose en todos los casos como garantía de recambio ordenado.
Así fue que el PJ (Partido Justicialista), acostumbrado a jugar su oposición en las calles, comenzó a mover su aparato para fogonear el “caos”. A través de su aparato sindical y del manejo de sus punteros barriales, intentaron imprimirle al panorama de movilización permanente, una dosis extra de convulsión y descontrol. Aprovechándose del hambre y la desesperación del pueblo fogonearon saqueos organizados a supermercados y centros comerciales. Las imágenes comenzaron a recorrer el país y el mundo, y el efecto contagio no tardó en prosperar. El PJ pronto comprobó que estaba lejos de controlar al movimiento de masas, y la dirección del proceso pronto se les fue de las manos. Aparecieron actores espontáneos, que sin una perspectiva política y estratégica clara buscaron por esta vía alivianar sus necesidades; y entraron en escena sectores organizados que se plegaron al movimiento imprimiéndole sus reivindicaciones.
A esta altura la ingobernabilidad era un hecho. El gobierno tenía los días contados y sólo restaba especular con el marco de su salida. La cuenta regresiva estaba en marcha y mientras se esperaban del gobierno respuestas contundentes, solo se obtenía autismo y perplejidad.
Así llegó el 19 de diciembre. Ese día el gobierno, puesto en un trance histórico y empujado por los acontecimientos, se decidió a jugar su última carta. Cuando todos suponían el paso al costado, al anochecer y por cadena nacional anunció el Estado de Sitio. Demasiado para una sociedad golpeada por la brutal crisis económica y extremadamente sencible por un pasado reciente donde el terrorismo de estado aún dejaba ver sus huellas. Entonces aparecieron todas las reservas democráticas adormecidas. El pueblo surgió de las entrañas de los barrios de Capital Federal y Gran Buenos Aires y comenzó a confluir en la histórica Plaza de Mayo. Miles de hombres y mujeres, viejos y niños, desafiando el Estado de Sitio, se autoconvocaron para decir basta y frenar cualquier salida represiva. La música la imponía el ruido de las cacerolas, a modo de improvisados tamboriles domésticos. Demasiada demostración de fuerza para un gobierno tan débil. La Plaza ya albergaba a cientos de miles y la afluencia no cesaba cuando anunciaron la renucia de Cavallo. Lejos de descomprimir, este anuncio fue entendido como una victoria y la euforia instalada hacía prever que el pueblo no se conformaría e iría por más. Habían pasado algunas horas de la media noche, y el gobierno decidió no esperar a comprobarlo. Sin que medie ninguna advertencia y sin ningún hecho que lo justifique, las fuerzas policiales iniciaron una feroz represión con el objeto de “despejar” la Plaza para “preservar el orden público y las instituciones de la democracia”. Fue el comienzo de la batalla. Retiradas las familias y los primerizos en estas lides, comenzó el levantamiento de barricadas y los movimientos de avance y retroceso con vistas a recuperar la plaza. A pura piedra y coraje miles de personas, en su mayoría jóvenes, habían decidido no tolerar este último atropello del gobierno. Después de horas de escaramuzas y luego que el grueso de los manifestantes se hubieran retirado, los responsables del operativo decidieron replegar a las fuerzas policiales. Fue cuando un nutrido grupo de luchadores callejeros efectuaron su reingreso triunfal a la plaza.
Ese día amaneció convulsionado. Los ecos de los episodios del día anterior aún retumbaban. A pesar de ser un día laborable cientos de personas volvían a congregarse para repudiar la represión y exigir la renuncia de De la Rúa. Esta vez la respuesta violenta no se hizo esperar, y a la orden de despejar la zona sobrevino una brutal cacería. Las imágenes fuerzas policiales emprendiendo a palos y balazos frente a manifestantes indefensos provocó una terrible indignación que potenció la convocatoria. El centro de Buenos Aires se transformó en el campo de batalla de una guerra desigual. Unos treinta muertos y cientos de heridos dejaron los enfrentamientos. El gobierno prolongaba hora tras hora su permanencia a costa de derramar sangre inocente. Fernando De la Rúa renunció sobre las 20hs. Huyo en un helicóptero oficial.
¿Y después que?
Después vendría la conocida seguidilla de gobiernos provisionales hasta el nombramiento de Eduardo Duhalde. La fuerza y el ímpetu inicial del movimiento de masas, motorizado tras la consigna del “que se vayan todos”, se fue diluyendo frente a sus propias limitaciones. Este conglomerado de fuerzas pudo comprobar su potencialidad de derribar presidentes, de erigirse como poder de veto efectivo, pero por su propia génesis y constitución heterogénea no alcanzó a presentar una alternativa propia por la positiva. Así se instaló una suerte de equilibrio inestable dentro de una crisis de dominación irresuelta. Las clases dominantes no consiguen encolumnarse detrás de un programa y una figura que los represente en su conjunto y se desgarra en peleas intestinas. De este modo no puede terminar de derrotar e imponer sus condiciones a la clase obrera y el pueblo. Por otro lado el encarecimiento de los artículos de consumo y la caída de los ingresos de los sectores populares por los efectos de la devaluación, produjo un notable deterioro en las condiciones de vida de las masas trabajadoras. Estas, golpeadas y carentes de una dirección política revolucionaria y unificada apenas si asimila los golpes y es incapaz, por el momento, de pasar a la ofensiva. Es mucha la experiencia adquirida.
Los movimientos piqueteros han crecido en extensión y profundidad, constituyéndose sin lugar a dudas en el sector más dinámico de los trabajadores. La clase obrera ocupada, si bien en sus batallones centrales sigue contenida en los marcos de la burocracia, empieza a destacar pequeños pelotones que recuperando algunos sindicatos, tomando fábricas y poniéndolas a funcionar bajo su control, permiten perfilar una trinchera clasista desde donde alumbrar el norte al conjunto de la clase.
Y por último está la aparición de las asambleas populares como espacio de construcción territorial que comienza a disputarle esferas de acción al estado. Surgieron al calor de las jornadas de diciembre como parte de la necesidad de sectores de capaz medias de construir nuevas instancias de representación alejadas de las instituciones republicanas, a esa altura absolutamente desprestigiadas. De esa manera permitieron incorporar a la militancia a nuevos sectores. Se constituyeron como espacios democráticos de reflexión y acción. Tras un primer momento de auge donde estas asambleas lograban coordinarse en plenarios generales de a miles y votaban programas revolucionarios de gobierno, les sobrevino cierto reflujo. Como expresión de su contenido de clase, las asambleas acarrean una limitación congénita. Imposibilitadas de desarrollar una perspectiva independiente oscilan entre el mutualismo y las reivindicaciones vecinalistas en el plano local, o entroncar con los sectores fundamentales de la clase obrera y el pueblo en la elaboración de un proyecto alternativo de poder. Carentes de un programa u homogeneidad estratégica, las asambleas oscilan y se desgranan al compás de las pugnas internas. Hoy si bien se consolidaron en torno al arraigo territorial, con la creación de comedores populares, merenderos, programas de vacunación, talleres productivos para desocupados, ciclos de cine, foros de debate, actividades culturales, etc., han perdido presencia nacional en la escena política. Son un núcleo de activistas que en momento de movilización logran establecerse como un centro de referencia. Sin embargo su desarrollo sigue siendo sólo potencial. Lejos están aún de constituirse como órganos de poder popular. Digamos que para soviet les faltan esencialmente los obreros, las armas y la perspectiva revolucionaria. Casi nada.
Algunas conclusiones
A modo de síntesis podríamos concluir con que en la Argentina se vive una situación de notable avance, aunque dentro de una etapa aún defensiva. Desde la profunda derrota de los ‘70 persiste una seria crisis de subjetividad en el campo de la clase obrera y el pueblo, una de cuyas manifestaciones es su crisis de dirección. Para alumbrar la posibilidad de un cambio profundo, las masas trabajadoras y oprimidas deberán abocarse a su crecimiento en organización y conciencia, plasmándolo en construcciones orgánicas superiores, en la edificación de una nueva dirección revolucionaria surgida desde las bases. Construir en ese camino una nueva subjetividad que recupere los viejos ideales de liberación, que retome las banderas y los intereses históricos de la clase obrera. Deberá surgir también de sus entrañas una intelectualidad auténticamente clasista, nutrida y asentada sobre el desarrollo de la lucha de clases, que no sólo deberá dar una dura batalla contra las ideologías dominantes -sean las abiertamente reaccionarias o las que se disfrazan bajo ropajes alternativos, radicales e izquierdistas- sino también darle soporte científico a la construcción revolucionaria en un mundo complejo y cambiante. Ante semejantes desafíos habrá que evitar por igual dos peligros latentes: dejarse arrastrar por el impresionismo que causa la potencia de las masas puestas en movimiento, caer en un “optimismo revolucionario” que en la práctica se traduce en tácticas irresponsables y suicidas; y el escepticismo liquidacionista, que detrás de pronósticos pesimistas pierde de vista las tendencias positivas dentro del movimiento de masas, impidiendo en definitiva que se extiendan y desarrollen.
2. CONTROL OBRERO EN BRUKMAN
El 18 de diciembre del 2001 en Buenos Aires, sólo un día antes de que el Gobierno de De La Rúa cayera debido a la presión popular, trabajadores y trabajadoras de la Fábrica Textil Brukman decidieron poner fin a su precaria e inestable condición laboral. La explotación absoluta de la que eran objeto, haciendo turnos de más de ocho horas diarias y después de varios meses sin recibir sueldo ni bonificaciones, se unía a la falta de una mínima explicación o solución por parte de los patrones. Deciden entonces, que defenderán su lugar de trabajo y la labor que han desempeñado, que no se irán a la calle con las manos vacías, pero ante todo, que no están dispuestos a más explotación ni a la cesantía. Se toman la fábrica, la echan a andar y ya han comenzado a contratar nueva gente.
Son una muestra de las experiencias de autogestión que se desataron en Argentina hace ya unos años, son de los que decidieron, junto a millones de trabajadores, desocupados, pobladores, decir ¡Basta, Que Se vayan Todos! y tomaron los recursos en sus manos para desarrollar una nueva forma de administración y utilización de ellos.
Esta entrevista fue realizada en Mayo del 2002 en Buenos Aires, en el edificio de la Fábrica Brukman, a dos compañeros que participaron en la toma, reorganización y reactivación del trabajo, Elisa y Luis.
E: Primero que nada cuáles con sus nombres.
1: el mío es Elisa.
E: ¿Los 2 trabajan acá en la fábrica?
2: pertenecemos a una comisión interna.
E: ¿Nos podrían contar cómo fue desde un principio, cómo fue que los dueños trataron de cerrar la fábrica, cómo fue la toma?
1 : (Elisa) este problema viene desde hace 5 años atrás cuando no pagaban vacaciones, salarios, beneficios familiares. Es más, cuando yo llegue acá, nunca tuve un sueldo completo, que antes de no tener nada era preferible lo que ellos me daban, y esto se fue agudizando. Antes del 18 de diciembre, tres meses antes empezaron mermar los vales de 100 pesos, los bajaron a 70 a 50, 25, hasta que llegaron vales de 5 pesos semanales, vales de 2 pesos... En ese proceso muere un compañero de 27 años. Estaba muy enfermo, no tenía para comprar sus medicamentos, despidieron a una compañera porque pedía que se le pagara lo que se le adeudaba, por lo menos algo, para pagar su alquiler, ella pidió ayuda a los compañeros y por eso decidieron despedirla, eso nos llamó un poca a nosotros a decir “esto ya no da mas”, por la muerte de este compañero, no da más y decidimos quedarnos el día 18 de diciembre, que coincidió con que la gente volteó al gobierno el 19 y 20. Sin saber eso, nosotros ya habíamos decidido quedarnos, pero parece que la patronal ya tenía en sus pensamientos no volver, porque ni siquiera aparecieron, después de la devaluación de la plata, aparecen como diciendo que vienen a ver que acordaron los trabajadores, por que no pueden dejar la fabrica así y dijimos NO!, ahora No!, ahora que vengan con propuestas dignas y que nos garanticen algo y que no vengan con nuevos experimentos por que ya no estamos para experimentos, estamos cansados de que nos basureen, estamos cansados de ser humillados, entonces dijimos, Bueno Basta No y si vienen lo van a hacer con las mejores condiciones para nosotros. Entonces cuando se le pidió a la patronal eso, nos respondió con un desalojo, con una represión, si bien habían pocos compañeros en ese momento, resistieron y se defendieron con la fuerza que ellos tenían en sus brazos, defendieron así la fábrica, hasta que empezamos a llegar los compañeros que nos habíamos ido la noche anterior, y también el apoyo de los vecinos, las organizaciones que nos viene apoyando, y eso fue como decirle al juez, no es ilegal lo que estamos cometiendo, sino luchando por la fuente de trabajo. Entonces el juez después avaló que realmente era un conflicto laboral y que él no se podía meter por que había mucha gente que apoyaba esto y por la paz social. Después de eso como que nos fortificamos dijimos, bueno con más razón, es como un triunfo, de una manera, tal vez parcial, pero bueno estamos, si bien mantener ahora la fábrica, producir y vender, este nos cuesta organizarnos, porque pienso que por años y siglos estamos acostumbrados a que alguien este dándonos ordenes, y tenemos esa educación, creo que la tenemos, entonces nos cuesta, pero creemos que nos es imposible, lo hacemos, y tal vez no de lo mejor, por que si bien hay un grupo de compañeros que quedó afuera, no comprende el método que nosotros hemos tomado, perr tampoco nosotros desmerecemos el método que ellos eligieron es quedar y es esperar, luchamos por los 115 puestos de trabajo. Acá en la fabrica estamos 46 manteniendo el lugar, el resto esta afuera, los cuales se suman encargados y parte administrativa que siempre tuvieron un sueldo de jerarquía y un grupo de parte de taller, pero porque son jubiladas y tienen de una manera medios para palear la situación.
E: ¿Cuántas mujeres son?
1: el 90% son mujeres
E: ¿Cómo fue para ustedes, vemos que andan con sus hijos, sus hijas, las compañera acá, cómo fue eso de ir incorporando las familias...?
1: El desalojo a nosotros, por lo menos las mujeres estuvimos fuertísimas, porque ésto es lo que nos queda, esta es nuestra herramienta, nosotras no tenemos nada, el tema de nuestros niños, era como difícil, después nos fuimos adaptando y organizando.
E: ¿Los niños los traen a la fábrica todos los días?
1: Sí, si es más, todas la vacaciones las pasaron ellos acá , por que no pudimos viajar, no pudimos salir por el tema del dinero, ni siquiera pudimos llevarlos a ningún lado por que no tenemos dinero, y tuvimos que comprender que esta es la realidad, no mentirles a ellos y bueno la pasaron acá nuestros niños. En un piso donde ellos podían estar, una compañera que ayuda a cuidarlos y la comida que se donaba, para ellos primero y después nosotros y esto hasta que se fue produciendo y después ya nos pudimos organizar mejor.
E: ¿Cuál es la forma de organización de la empresa?
2: Hay una comisión interna, nosotros somos parte de la comisión interna, nos formamos en asambleas de base, y discutimos los puntos esenciales de convivencia acá. De una u otra manera podemos salir a vender en algunos puntos.
E: ¿Cómo es la cosa de la administración?
2: la administración funciona también, de una u otra manera con algunas falencias, estamos organizados con algunas compañeras que se dedican a la parte contable, con ayuda de algunas hijas de las compañeras que estudian, van a la facultad... o sea que tienen un conocimiento mas acabado del tema administrativo, por eso es que podemos salir adelante por ese lado también.
E: ¿Todos tienen un trabajo en los talleres?
2: Todos tenemos un trabajo específico, yo en mi caso soy planchador calificado, pero siempre estoy en el área de pantalones, pero como no hay planchador de sacos tenemos que planchar distintas prendas para sacar la producción adelante, por que si yo me dedico solamente a planchar pantalones, no hay una coordinación obrera y nuestra lucha se basa por la coordinación obrera.
E: ¿Cómo funcionan las asambleas?
1: Son asambleas de base, sin ningún dirigente, todos los trabajadores somos la base, vamos los 46.
Son asambleas permanentes, según lo que suceda, se convoca a asamblea y todo el mundo a asamblea.
E: el manejo es transparente, todo el mundo sabe como se están manejando las platas...
1: Todos, todos, por ejemplo hay gente de venta, de la cocina que recibe las donaciones de la gente, nosotros los trámites que hacemos, se hacen asambleas, cada uno expone cada paso que va haciendo, cada propuesta que viene de afuera, la planteamos en la asamblea, lo que ellos deciden, esta comisión tiene que salir y hacer respetar. Todo basado en lo que sale de asambleas.
E: ¿Cómo es el tema de los sueldos?
1: Es por igual a todos.
E: ¿Cómo les ha ido con la productividad?
2: Producimos y estamos vendiendo.
E: ¿Han tenido problemas con los proveedores...?
2: Si ha sucedido, hay muchos proveedores, en la medida que se nieguen vamos buscando alternativas para ir saliendo del paso...Hemos peleado los precios, por que en el mercado son muy competitivos, bueno hemos peleado bien ésto.
E: ¿Qué significa para ustedes ésto?
1: No pensamos que iba a ser tan así, por que en realidad lo que hicimos fue por que nos obligó la situación, a hacer respetar lo que es la panza de nuestros niños, llevar una alimento a nuestros niños y vencer lo que es legal o ilegal porque eso nos retenías para poder producir al principio, después dijimos que qué importa lo legal si no podemos llevar nada a la panza de nuestros niños y esta es la fábrica, las manos están, los que no están son los dueños, entonces se armó una contradicción entre nosotros y dijimos no hacemos este camino y después vemos como seguimos, pero no pueden estar nuestros niños sufriendo de hambre, no pueden desalojarnos, por que no tenemos para pagar, si realmente la fuente de trabajo acá está. Que no están los dueños no nos implica a nosotros que nos puedan detener y si ellos abandonaron la fábrica es por que no les convenía en ese momento y después nos fue desbordando el apoyo y miramos todo lo que hicimos, fue bueno y vimos que incentivábamos a todos lo trabajadores que estén en esta situación, por que es nuestra dignidad la que está en juego, es nuestra dignidad lo que nos han sacado, la única manera de hacernos respetar es haciéndonos escuchar haciendo medidas de fuerza concreta y no optar por ser violentos, por que podríamos haber quemado la fabrica de bronca, dijimos, no no no, queremos sacar adelante, si los dueños no pueden que se vayan, y ahora reaparecen y nos dicen que quieren experimentar de nuevo con nosotros, pero no nos garantizan la fuente de trabajo, ni siquiera nos garantizan los sueldos atrasados.
A los desocupados les decimos que nos unamos porque acá hay fuente de trabajo, somos 46, pero hay capacidad de 300 personas en un solo turno, entonces unirnos e ir al gobierno y decir aquí esta, hay una fábrica que quiere y los desocupados, la mano de obra está afuera y el dinero acá y nosotros estamos fuertes, como que somos una llave para los desocupados.
E: ¿Por eso plantean la estatización, para trabajar con mas gente?
1: Estatización bajo control obrero. Nosotros exigimos que el gobierno se ponga con el dinero en la mano, por que sabemos que ellos se han robado, los gobiernos de turno siempre han robado, entonces dijimos basta, ¿por qué a los trabajadores no se les puede dar y hay fuente de trabajo acá? Por eso pedimos ayuda, por que justamente hay para dar fuente de trabajo acá. Sabemos lo de la fábrica Zanon y la panificadora, que en éste momento hay 20 compañeros pero hay capacidad para 100 trabajando allí. Se puede, tiene que haber una voluntad política, siempre y cuando la gente esté en la calle y esté tomando medidas concretas.
2: Queremos dar un mensaje a los compañeros y trabajadores de Chile replanteen un poco aquellas empresas en donde tienen trabajadores en conflicto, o con vistas a iniciarse o gestarse un conflicto, que no tengan miedo al amotinarse. Acá en Argentina se le ha tenido mucho miedo pero ahora se terminó el miedo, no sólo en Brukman sino en todo el país se acabó el miedo. Estamos en un camino hacia una revolución obrera y popular todos los trabajadores en la calle vamos a ir a pedir un gobierno para los trabajadores, netamente de trabajadores, sin dirigentes que en el senado se han llenado los bolsillos a costa de nuestros esfuerzos durante años y nuestros ancestros también han sufrido lo que ahora nosotros no queremos sufrir más.
A los compañeros trabajadores de Chile, yo conozco Chile, conozco como se trabaja allá, por que yo estuve trabajando allá también, en grandes empresas explotadoras como burger y todo eso. Conozco el trato, que explotan de una manera a los trabajadores chilenos allá. Que los trabajadores se unan y replanteen todo este atropello por parte de la patronal, la parte explotadora, el capitalismo internacional está haciendo estragos a causa de que los trabajadores no se eduquen, lo que hace que más fácil los exploten.
3. LA DESOCUPACION ES RESISTENCIA Y CONSTRUCCION: MOVIMIENTOS DE TRABAJADORES DESOCUPADOS – MTD
Hace aproximadamente 4 años comenzaron a surgir producto del hambre, la rabia y la desesperación de las familias más empobrecidas de Argentina, lo que hoy son la mayor preocupación del Gobierno fascista que asumió la administración estatal post fiasco De La Rúa: los MTD.
Son grupos de trabajadores desocupados (o cesantes) y sus familias que se organizan territorialmente para exigir a los Gobiernos locales la entrega de Planes Trabajar. Estos son planes de emergencia que han implementado los Partidos (homólogo de Municipios) y se entregan por cada familia, independiente del número de cesantes que haya en cada una; consisten en el desarrollo de una tarea que es fijada por la autoridad, que contempla desde arreglos de infraestructura estatal, aseo y cuidado de parques, hasta los disfraces correspondientes a la “fecha significativa” de determinadas épocas del año (viejos pascueros y demases).
Las familias provenían en gran parte de sectores obreros que con el desarrollo del modelo neoliberal en Argentina y de la bilipendiada globalización capitalista, fueron lanzados a las calles tras el cierre de miles de industrias que hicieron próspero al país en la década de los `80. A pesar de que ese fue el comienzo de una larga peregrinación por las escasas fábricas que quedaban abiertas, a medida que pasó una década de profundización de la miseria cotidiana a que se veían expuestas millones de personas, éstos comenzaron a sacar fuerzas de una larga tradición de luchas obreras y plantearon un tipo de organización que les permitiera hacer frente a las políticas de pauperización impuestas por el Gobierno.
En función de obtener los llamados Planes Trabajar, las familias se organizaron en sus territorios, primero la villa, población, luego una comuna o partido. Los MTD fueron creciendo en la medida que reivindicaban la obligación del Estado de garantizar las necesidades básicas humanas a la vez que planteaban el derecho a la autonomía y decidir por sí mismos como utilizar ese dinero. Entonces comenzaron a “invertir” lo entregado por el Gobierno de forma colectiva para asegurar que todas las familias del MTD tuvieran pan, leche para los niños y alimento diario.
Así se organizaron las primera ollas comunes, los comprando juntos e idearon un sistema de reparto justo de acuerdo a los miembros del hogar y sus condiciones concretas. Pero descubrieron que podían también ocupar ese dinero en alguna tarea productiva y comenzaron a organizar talleres, panaderías, entre otros, que no sólo les permitieran alimentarse básicamente a diario, sino también ir obteniendo más dinero y ocuparse así de la educación de los hijos y adultos analfabetos, de cubrir a más familias desocupadas e invertir en propaganda de su proyecto.
Con el tiempo, los MTD se fueron transformando en un proyecto social de autogestión real, y en una alternativa concreta, productiva y valórica, al sistema impuesto. Ya no sólo se peleaban sus derechos en los municipios, sino también en las calles, y con los cortes de rutas demostraron la fuerza de la organización.
Se estructuraron en diversas funciones, no especializadas sino voluntarias y rotativas. Lo más famosos son los llamados Piqueteros, aquellos y aquellas encargados de preparar los cortes de rutas y resistir la represión estatal que posee como finalidad eliminarlos incluso físicamente; están los encargados de los talleres produtivos y/o las panaderías, en lo que se refiere a los aspectos técnicos; existen los dedicados a la contabilidad y repartos equitativos de dineros y raciones de alimento; la cocina a cargo de almuerzos y provisión en los cortes de rutas; propaganda, a cargo de difundir los planteamientos de los MTD y la experiencia en sí; educación popular, como esfera de reflexión de la situación política, su condición de clase y alfabetización. Estos son sólo algunos de los aspectos abordados en la organización que han ido construyendo día a día.
Cada una de las decisiones son tomadas en conjunto divididos territorialmente de acuerdo a su villa o sector geográfico más cercano. Cada MTD está formado aproximadamente por 7000 personas, razón por la cual se han organizado en pequeñas asambleas que poseen delegados (más de uno), con cargos rotativos y fiscalizados por su asamblea. Estos delegados se reúnen periódicamente y socializan las discusiones tanto en sus asambleas como en los plenarios por área de trabajo. Además, visualizando la necesidad de reunir los esfuerzos, los distintos MTDs existentes en diferentes zonas, se han organizado en Coordinadoras de Trabajadores Desocupados, compuestas por alrededor de 7 MTDs. Cada una tiene un carácter diferente y varían también en objetivos y discurso, siendo identificados como los más radicales el MTD Solano del Gran Buenos Aires y la CTD Aníbal Verón. Son justamente estos los que dan origen a este artículo.
Tal vez lo que más asombra de esta experiencia, es que más allá de nombres y categorizaciones, han hecho de su situación un gran espacio para la creatividad. Inventan y cambian día a día sus formas, muy lejos de las ortodoxias y con la convicción que sólo asumiendo su nueva condición de dominación y las características del contexto actual, podrán convertirse en una alternativa concreta al modelo de desarrollo capitalista. Y ambiciosamente pretenden ser la alternativa y modelo para tumbar de una vez las nuevas formas de esclavización y miseria; no se contentan con la sobrevivencia, piensan un mundo donde la colectividad y colectivización de los bienes y los medios productivos sea la base de las relaciones sociales, donde la educación tenga un objetivo de liberación y no de estandarización de las mentes, donde no existan estados que organicen las vidas y limiten el desarrollo de hombres y mujeres, y sobretodo donde cada uno sea parte de un todo que se construye con felicidad y no sólo con sacrificio.
Por esto y mucho más, difícilmente describible en un par de hojas, es que los MTD y sus piquetes de esperanza son hoy un ejemplo y un desafío a pensar desde un antagonismo radical la destrucción de los modelos capitalistas de vida y producción de miseria. Son la experiencia viva, contemporánea de un incipiente comunismo, que sin vanguardias burocráticas y lejos de sectarismos e ideologismos, han planteado romper las barreras de una dominación económica, simbólica y discursiva, para tomar sus vidas en sus manos y emprender una práctica revolucionaria que amenaza las lógicas de un capitalismo globalizado instalado desde la inevitabilidad en nuestras mentes.
LA DESOCUPACION ES RESISTENCIA Y CONSTRUCCION: MOVIMIENTOS DE TRABAJADORES DESOCUPADOS – MTD
Hace aproximadamente 4 años comenzaron a surgir producto del hambre, la rabia y la desesperación de las familias más empobrecidas de Argentina, lo que hoy son la mayor preocupación del Gobierno fascista que asumió la administración estatal post fiasco De La Rúa: los MTD.Son grupos de trabajadores desocupados (o cesantes) y sus familias que se organizan territorialmente para exigir a los Gobiernos locales la entrega de Planes Trabajar. Estos son planes de emergencia que han implementado los Partidos (homólogo de Municipios) y se entregan por cada familia, independiente del número de cesantes que haya en cada una; consisten en el desarrollo de una tarea que es fijada por la autoridad, que contempla desde arreglos de infraestructura estatal, aseo y cuidado de parques, hasta los disfraces correspondientes a la “fecha significativa” de determinadas épocas del año (viejos pascueros y demases).Las familias provenían en gran parte de sectores obreros que con el desarrollo del modelo neoliberal en Argentina y de la bilipendiada globalización capitalista, fueron lanzados a las calles tras el cierre de miles de industrias que hicieron próspero al país en la década de los `80. A pesar de que ese fue el comienzo de una larga peregrinación por las escasas fábricas que quedaban abiertas, a medida que pasó una década de profundización de la miseria cotidiana a que se veían expuestas millones de personas, éstos comenzaron a sacar fuerzas de una larga tradición de luchas obreras y plantearon un tipo de organización que les permitiera hacer frente a las políticas de pauperización impuestas por el Gobierno.En función de obtener los llamados Planes Trabajar, las familias se organizaron en sus territorios, primero la villa, población, luego una comuna o partido. Los MTD fueron creciendo en la medida que reivindicaban la obligación del Estado de garantizar las necesidades básicas humanas a la vez que planteaban el derecho a la autonomía y decidir por sí mismos como utilizar ese dinero. Entonces comenzaron a “invertir” lo entregado por el Gobierno de forma colectiva para asegurar que todas las familias del MTD tuvieran pan, leche para los niños y alimento diario. Así se organizaron las primera ollas comunes, los comprando juntos e idearon un sistema de reparto justo de acuerdo a los miembros del hogar y sus condiciones concretas. Pero descubrieron que podían también ocupar ese dinero en alguna tarea productiva y comenzaron a organizar talleres, panaderías, entre otros, que no sólo les permitieran alimentarse básicamente a diario, sino también ir obteniendo más dinero y ocuparse así de la educación de los hijos y adultos analfabetos, de cubrir a más familias desocupadas e invertir en propaganda de su proyecto.Con el tiempo, los MTD se fueron transformando en un proyecto social de autogestión real, y en una alternativa concreta, productiva y valórica, al sistema impuesto. Ya no sólo se peleaban sus derechos en los municipios, sino también en las calles, y con los cortes de rutas demostraron la fuerza de la organización.Se estructuraron en diversas funciones, no especializadas sino voluntarias y rotativas. Lo más famosos son los llamados Piqueteros, aquellos y aquellas encargados de preparar los cortes de rutas y resistir la represión estatal que posee como finalidad eliminarlos incluso físicamente; están los encargados de los talleres produtivos y/o las panaderías, en lo que se refiere a los aspectos técnicos; existen los dedicados a la contabilidad y repartos equitativos de dineros y raciones de alimento; la cocina a cargo de almuerzos y provisión en los cortes de rutas; propaganda, a cargo de difundir los planteamientos de los MTD y la experiencia en sí; educación popular, como esfera de reflexión de la situación política, su condición de clase y alfabetización. Estos son sólo algunos de los aspectos abordados en la organización que han ido construyendo día a día.Cada una de las decisiones son tomadas en conjunto divididos territorialmente de acuerdo a su villa o sector geográfico más cercano. Cada MTD está formado aproximadamente por 7000 personas, razón por la cual se han organizado en pequeñas asambleas que poseen delegados (más de uno), con cargos rotativos y fiscalizados por su asamblea. Estos delegados se reúnen periódicamente y socializan las discusiones tanto en sus asambleas como en los plenarios por área de trabajo. Además, visualizando la necesidad de reunir los esfuerzos, los distintos MTDs existentes en diferentes zonas, se han organizado en Coordinadoras de Trabajadores Desocupados, compuestas por alrededor de 7 MTDs. Cada una tiene un carácter diferente y varían también en objetivos y discurso, siendo identificados como los más radicales el MTD Solano del Gran Buenos Aires y la CTD Aníbal Verón. Son justamente estos los que dan origen a este artículo.Tal vez lo que más asombra de esta experiencia, es que más allá de nombres y categorizaciones, han hecho de su situación un gran espacio para la creatividad. Inventan y cambian día a día sus formas, muy lejos de las ortodoxias y con la convicción que sólo asumiendo su nueva condición de dominación y las características del contexto actual, podrán convertirse en una alternativa concreta al modelo de desarrollo capitalista. Y ambiciosamente pretenden ser la alternativa y modelo para tumbar de una vez las nuevas formas de esclavización y miseria; no se contentan con la sobrevivencia, piensan un mundo donde la colectividad y colectivización de los bienes y los medios productivos sea la base de las relaciones sociales, donde la educación tenga un objetivo de liberación y no de estandarización de las mentes, donde no existan estados que organicen las vidas y limiten el desarrollo de hombres y mujeres, y sobretodo donde cada uno sea parte de un todo que se construye con felicidad y no sólo con sacrificio.
Por esto y mucho más, difícilmente describible en un par de hojas, es que los MTD y sus piquetes de esperanza son hoy un ejemplo y un desafío a pensar desde un antagonismo radical la destrucción de los modelos capitalistas de vida y producción de miseria. Son la experiencia viva, contemporánea de un incipiente comunismo, que sin vanguardias burocráticas y lejos de sectarismos e ideologismos, han planteado romper las barreras de una dominación económica, simbólica y discursiva, para tomar sus vidas en sus manos y emprender una práctica revolucionaria que amenaza las lógicas de un capitalismo globalizado instalado desde la inevitabilidad en nuestras mentes.