esta vez sin sustituto
Declaración de impuestos sobre el basurero tapado, mi declaración de expuestos en la mano, firmada con sangre de narices.
El sobre se moja con la lluvia de un día en que sólo la parcialidad estaba predicha, pero que resultó completísimo y radical. No me preocupa que el agua se lleve la tinta y la sangre y el papel todo, que lo desmembre, porque a este paso no me cabe la duda de que si violentar la experiencia de dos rotundos apretones de mano y apostar todo el dinero de la gente que quiero a la insistencia de la mirada en el piso me hace estar por debajo de la supuesta seguridad de un enfrentamiento rostral, nada vale en este mundo para mí más que mi propia sabiduría. Yo soy el que he sentido lo más maravilloso que he sentido, y por eso me venero. Yo soy quien experimenta y quien vive, no se nada de los seguros ni de sus manos, porque ellos tienen mucho más que esconder y apelan a la mirada para volverse transparentes. No son transparentes para mí y hoy estoy del lado de la suciedad de los vidrios; una mesa con el espiral que brotó hace días del sacapuntas más un polvo de grafito me habla. Una mesa en la que me puedo mirar está muda. Me quedo a medio camino.
