Carta por el descubrimiento de PSAT (I parte).
Pareciera ser que he descubierto cómo prolongar la sensación, que como un destello casi imperceptible, aparece en ese momento justo antes de prender la luz, inmediatamente antes de cerrar la puerta, en ese instante en que ya es demasiado tarde para guardar silencio aunque no hayas aun proferido palabra, en la precisión del momento colindante entre el sueño y la vigilia, en fin, en aquel sinnúmero de pequeñísimos intervalos que lo anteceden todo.
Aunque ni desnuda ni gritando, sino para mis adentros y ni siquiera moviendo los labios, debo contar que no encontré mejor vocablo que “¡Eureka!”.
El procedimiento a seguir, curiosamente, no adquiere grados de perfección según su práctica, podría decirse que nace fosilizado, luego, también nace perfecto.
Llamarlo procedimiento, en términos de los estudios cognitivos sobre la memoria humana sería equivocado, puesto que como he advertido, no puede desarrollarse con repetición de experiencia ni automatizarse bajo el mismo método, pero eso sí, y lamentablemente para mis lectores, no es declarativo, tal como lo que se aprende con la memoria procedimental, es decir, no puedo describir de manera alegre cómo hacerlo, así como ustedes tampoco pueden explicarme (teniendo resultados realizativos positivos) cómo abrochan sus zapatos.
