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Manderlay: Los manuales de Von Trier.

página 372, quizás 381; manual de la historia oficial de los estados unidos. un elemental punto de vista, re-utilización de recursos curiosos, cierta experiencia en la artesanía, auspicio y voilá: dos horas y media de imágenes que agradecen las costumbres poco puristas de un gran número de ojos humanos. la ambigüedad de la distinción entre los opuestos, su estructuralista engendro mutuo (el sí a partir del no y el no a partir del sí y el abrazo poco ortográfico en el no-sé), la intriga omnipotente de la ley y lo esencial cargada de evidencias históricas, con ilustraciones en la página 355. el látigo en la mano de la antigua víctima, de la actual desertora, de la colérica situacionista, del estandarte de demasiadas cosas como para ser enumeradas: el viejo y extraviado tópico de lo libre, ya, de la libertad. abandonada la política, las apuestas van desde el algodón hasta platón, si se es benevolente, o pedante, pero  no rozan lo mundano, juegan a enmarcar los misiles en un proyecto que no se admira. duermo. clases escolares de religión ¿escojo obedecer? no puedo insultarme lo suficiente. no soy clara, porque ahora soy más pedante que benevolente y la codificación es un muro de contención; prevengo el sonrojo. la asfixia me permite pensar en frankenstein o en la célebre “he creado un monstruo”, el silencio de la sala me invita una seriedad on the rocks. monumental manera de cerrar el manual esta de hacer una película, porque a la película la nombra la duda, por cabildesca que parezca. la esperanza del hombre está en el abrazo de los opuestos, no en el aprecio de los límites sin calendario ni escritura, la industria del espectáculo me ofrece dicción, contradicción, la posibilidad de diluirse lo uno en lo otro, el yo en el tú, la víctima en el victimario, lo negro en lo blanco, la historia en lo sincrónico, eso no está EN el abolicionismo, está en su representación, no está EN la guerra de secesión, sino en su publicación. sí, sí, sí, la nación, no el agregado de estados. la legitimidad moral de la esclavitud en la palabrería. si es por denunciar, prefiero poner engrudo sobre el nombre de un danés y la gratuita exhibición de la lectura de manuales.