Desprecio a la actividad no generosa ni generable.
Me conoce el que supo que yo no sabía de lo que estaba hablando, el que notó la impropiedad de mis proferidas consonantes y vocales en gloriosos entramados de lengua oral. él sabía antes de siquiera alzar la mano; ya se estaba riendo de los disparates potenciales cuando el interlocutor ponía cuidadosamente el tema sobre el mantel. “disparates”, exacto, me pego unos tiros y muero para aquellos que sí sabían. La muerte social de Iván Ilich visitada por mi calumnia severa. Ni sé, ni controlo, ni veo, ni manejo un instrumento, ni siquiera la memoria me funciona como para correr el riesgo de tomar este tipo de roles. Situarse en el nuevo laberinto y echar a andar con desmedida velocidad; el peligro es para arruinados. Sobre todo porque nos dice lo opaco y no lo altivo, a mí y a los míos nos cuesta lo motriz, lo bélico, lo narrado, no lo vago, no lo que se hace para narrar, no lo grave. De eso somos capitanes, señores y magos, sin embargo, sobreconscientes de ser engendros de la peor charlatanería… y entre nosotros nos denunciamos en silencio, sabemos qué hacemos y cuánta perversidad sostiene la plataforma de nuestro poderío, espejeamos la deshonra que se jacta de imposibilidad de acusación.
