El núcleo bingbangesco de “agonía”. (a unamuno la lingüística le suena a derrota)
si me diera por vencido no podría convertirme en agonista y no podría prot-agonizar nada, ni mi propio pedazo de drama fome. si ocurriera que me detengo a la mitad y ya no escuchara más mis esfuerzos sino la quietud desilusionante de mi escenario, con las manos en las rodillas y la respiración agitada pensaría en volver por donde vine… y caminando. no es volver a andar, es desandar, es dejar la cristiandad y tomar el cristianismo, saltar por encima de las piedras que milésimas de segundo más tarde romperán la vitrina. sugiero que tras la derrota se puede buscar (pues se ha perdido), pero el resultado positivo de la búsqueda es solamente el encuentro de un objeto que ya estuvo alejado demasiado tiempo como para tener certezas sobre su comportamiento. en estas circunstancias, la familiaridad con mi ganar es un puro recuerdo. admite componendas, pero la verificabilidad se torna imposible (pareciera ser que siempre lo es) y entonces podríamos pensar que la relación del derrotado con lo perdido-encontrado no se puede decir, o sí, pero de maneras muy poco alegres. los recuerdos sólidos son los que están más profundamente enlazados con la otra información que manejamos, por lo tanto, los más contaminados, los más viejos quizás, y me animo a decir, la meta es un recuerdo sólido y cuando muta en objeto perdido-encontrado, puede quedar flotando eternamente como primera impresión, esa de la que nunca nos libramos.
