La diferencia entre exposición y mantención.
ni hablar de las luciérnagas que secretan luz así como si ante el estado de hipnosis de los observadores dijeran “de nada” acompañándolo de unos golpecitos en la espalda. como si después de varios años llegara aquí de nuevo un fugitivo y se sentara con la misma cara de tedio y rabia en su banqueta. la naturalidad que se consigue justamente como si nada; eso es lo que necesita esta pobrecita rompecocos que se refriega contra la pared más inmunda mientras chacharea de los problemas que le causa el frote y llora y se revienta de risa con un dolor en la mejilla por una cachetada propia y se pasea con la cola levantada como si tuviera plumas verde petróleo. lo que necesita esa señorita que más que señorita es una sencillita mezcla de puros conchos, así como la sopa que se prepara a los seis años, el agregado de ingredientes que no se avienen, la señorita-mix que rompe huevos para cocinar cosas que no se come nadie y que se pudren sobre la mesa de la cocina, es esa cuota de “¿ah?”. parece acorde a las circunstancias contestarnos el teléfono sin amabilidad introductoria, pues hemos convenido en que todo es realmente urgente y lo que no decimos no lo decimos porque no viene al caso. los últimos granos de arena se deslizan por la cavidad entre los dos espacios; eso es lo que sentimos, y no reparamos en el hecho de que siempre hemos sabido que si hay algo que sobra es arena y que la reposición es algo que caracteriza a nuestra era. no hay mucho más que poner sobre la mesa, lo tiene todo, señorita, ¿por qué sigue arrastrándose verticalmente por esa muralla?
